Resurrección

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—No sé si soy liberal u otra cosa —dijo Nejliúdov sonriendo, extrañado siempre de que todos le adjudicasen ese partido y le llamasen liberal sólo porque al juzgar a una persona decía que antes había que escucharla, que todos eran iguales ante el Tribunal, que no se debía torturar ni pegar a la gente, y sobre todo a aquellos que no habían sido condenados—. No sé si soy liberal o no, lo único que sé es que los Tribunales actuales, por muchos defectos que tengan, son mejores que los de antes.

—¿Y a qué abogado has elegido?

—A Fanarin.

—¡Ah, Fanarin! —exclamó Máslennikov frunciendo el ceño, recordando cómo el año pasado ese mismo Fanarin le había requerido como testigo en un juicio y con enorme cortesía, en el transcurso de media hora, le puso en ridículo—. No te hubiese aconsejado que trataras con él. Fanarin est un homme taré.[34]

—Tengo que hacerte otra petición más —dijo Nejliúdov, sin contestar—. Hace mucho tiempo conocí a una muchacha maestra. Es un ser digno de lástima, ahora también se encuentra en la prisión, quisiera verla. ¿Puedes darme una autorización también para ella?

Máslennikov inclinó un poco la cabeza a un lado, y se quedó pensativo.

—¿Es política?

—Sí, eso me han dicho.


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