Resurrección
Resurrección —No hay inconveniente —dijo el director—. Y tú ¿qué quieres? —se dirigió a una niña de cinco o seis años, que habÃa entrado en la habitación y se acercaba a su padre con la cabeza vuelta para no quitar los ojos de Nejliúdov—. ¡Que te vas a caer! —dijo el director sonriendo, porque la niña, sin mirar adelante, habÃa tropezado con la alfombra y se acercó corriendo a su padre.
—Entonces, si puede ser, iré a verla.
—Cuando guste —dijo el director abrazando a la niña que no dejaba de mirar a Nejliúdov, se puso en pie y, apartando cuidadosamente a la pequeña, salió al recibidor.
TodavÃa no habÃa tenido tiempo el director de ponerse el abrigo que le sujetaba la criada del ojo vendado, cuando empezaron a sonar de nuevo los pasajes de Clementi.
—Iba al conservatorio, pero allà habÃa desórdenes. Y tiene una gran disposición —comentó el director, bajando las escaleras—. Quiere dar conciertos.
El director y Nejliúdov se acercaron al edificio de la prisión. La verja se abrió inmediatamente al acercarse el director.