Resurrección
Resurrección Los carceleros, llevándose la mano a la visera, le seguÃan con la vista. Cuatro hombres, con la cabeza medio afeitada, llevando unos cubos con algo dentro, se encontraban con ellos en el vestÃbulo y se apartaron al ver al director. Uno se inclinó de manera especial y frunció el ceño con expresión sombrÃa, sus ojos negros fulguraban.
—Desde luego, el talento hay que estimularlo, no se puede tapar. Pero en un piso pequeño ¿sabe? resulta muy duro —continuaba la conversación el director sin hacer el menor caso de los detenidos. Con pasos cansados, arrastrando los pies, acompañó a Nejliúdov a una sala.
—¿A quién desea ver? —preguntó el director.
—A Bogodújovskaya.
—Está en la torre. Tendrá usted que esperar —le dijo a Nejliúdov.
—¿No podrÃa, mientras tanto, ver a los detenidos Menshov y su madre? Están acusados de incendiarios.
—¡Ah! Ése está en la sala veintiuno. Bueno, se le puede llamar.
—¿Y no podrÃa ver a Menshov en su sala?
—Pero estará usted más tranquilo aquÃ.
—Desde luego, pero me interesa verle allÃ.
—Vaya un interés.