Resurrección
Resurrección —Es verdad, pero es algo casual —dijo el subdirector—. A estos hombres los han detenido por indocumentados, y habÃa que haberlos enviado a su provincia. Pero allà se ha quemado la cárcel, y las autoridades se han dirigido a nosotros para que no los enviemos. A todos los que pertenecen a otras provincias los estamos mandando, y a éstos los tenemos aquÃ.
—¿Cómo? ¿Sólo por eso?
Un grupo de unos cuarenta hombres, todos con el guardapolvo de presidiarios, rodearon a Nejliúdov y al subdirector. Enseguida empezaron a hablar varios. El subdirector los hizo callar.
—Que hable uno solo.
Del grupo se destacó un campesino alto, apuesto, de unos cincuenta años. Contó a Nejliúdov que todos ellos habÃan sido deportados y metidos en la cárcel por el hecho de no tener pasaportes. TenÃan pasaportes, pero hacÃa unas dos semanas que habÃan caducado. Todos los años les caducaban los pasaportes y no se metÃan con ellos, pero esta vez los detuvieron y los tenÃan aquà desde hacÃa dos meses como a unos criminales.
—Somos canteros y pertenecemos al mismo equipo. Dicen que en nuestra provincia se ha quemado la cárcel. Nosotros no tenemos nada que ver con eso. ¡Por amor de Dios, haga algo!