Resurrección
Resurrección —Éstos son los únicos que están alegres —dijo, señalando a la pareja de enamorados, el joven de la chaqueta corta que estaba junto a Nejliúdov y, lo mismo que éste, miraba a los que se despedÃan.
Sintiendo sobre sà las miradas de Nejliúdov y del joven, los enamorados —el muchacho de la chaqueta impermeable y la muchacha rubia bonita— estiraron los brazos con las manos cogidas, se echaron hacia atrás y, riéndose, empezaron a dar vueltas.
—Esta tarde se casan aquÃ, en la prisión, y ella le acompaña a Siberia —dijo el joven.
—¿Y quién es él?
—Un condenado a trabajos forzados. Por lo menos ellos se divertirán un poco, de lo contrario resulta demasiado doloroso escuchar esto —añadió el joven de la chaqueta corta, escuchando los sollozos de la madre del tuberculoso.
—¡Señores! ¡Por favor! No me obliguen a tomar severas medidas —decÃa el director repitiendo varias veces lo mismo—. ¡Por favor, sÃ, por favor! —repetÃa con voz débil e indecisa—. ¿Qué es esto? Hace mucho que es la hora. Esto no puede ser. Lo digo por última vez —repetÃa con voz melancólica, encendiendo y apagando su cigarrillo de Maryland.