Resurrección
Resurrección Máslennikov estaba en un estado de alegre excitación, debido a la atención que acababa de dispensarle aquel alto personaje. ParecÃa que después de haber servido en el regimiento de la Guardia, frecuentado por la familia imperial, Máslennikov deberÃa estar acostumbrado al trato de la familia del zar. Por lo visto la infamia sólo se refuerza con la repetición, y cualquier mezcla de atención provocaba en Máslennikov un estado de entusiasmo como el que experimenta un perro cariñoso después de que el amo le acaricia, frota y rasca detrás de las orejas. Mueve el rabo, se encoge, se estira, agacha las orejas y brinca alegremente. Lo mismo estaba dispuesto a hacer Máslennikov. No se daba cuenta de la expresión seria de la cara de Nejliúdov, no le escuchaba y le arrastraba al salón con tal Ãmpetu que era imposible renunciar, y Nejliúdov le siguió.
—Tu asunto lo trataremos después, haré todo lo que me ordenes —decÃa Máslennikov, pasando con Nejliúdov a través de la sala—. Anuncie a la generala que ha llegado el prÃncipe Nejliúdov —al pasar dijo a un lacayo. El lacayo, presuroso, se adelantó y fue a cumplir la orden—. Vous n’avez qu’à ordenner.[45] Pero tienes que ver a mi mujer sin falta. Ya me ha organizado una buena por no haberte retenido la otra vez.