Resurrección
Resurrección —Siempre con bromas estúpidas —intervino riéndose otra señora que llevaba un sombrero alto, reluciente de seda, oro y piedras preciosas.
—Cest excellent.[49] Estas galletas son muy ligeras. Traiga más aquÃ.
—Bueno, y qué ¿se marchan pronto?
—SÃ, hoy es el último dÃa que estamos aquÃ. Por eso hemos venido.
—¡Qué estupenda primavera! ¡Qué bien se está ahora en la aldea!
Missy, tocada con un sombrero y luciendo un vestido a listones oscuros, que le ceñÃa el talle sin hacer la menor arruga, enteramente como si hubiese nacido con ese vestido, estaba muy guapa. Enrojeció al ver a Nejliúdov.
—¡Ah! Creà que se habÃa marchado usted —le dijo.
—Casi, casi —contestó Nejliúdov—. Me retienen unos asuntos. También aquà he venido por un asunto.
—Venga a visitar a mamá. Tiene muchas ganas de verle —dijo, y sintiendo que mentÃa y que él se daba cuenta, enrojeció todavÃa más.
—Apenas si voy a tener tiempo —respondió sombrÃo Nejliúdov, tratando de aparentar que no se habÃa dado cuenta de cómo habÃa enrojecido.