Resurrección
Resurrección Después de hablar cuanto era necesario, y de una forma tan insustancial como era preciso para no infringir las leyes de la cortesÃa, Nejliúdov se levantó y se acercó a Máslennikov.
—¿PodrÃas escucharme, por favor?
—¡Ah, sÃ! Bueno ¿qué? Ven, vamos a entrar aquÃ.
Entraron en un saloncito japonés, y se sentaron junto a la ventana.