Resurrección
Resurrección En el salón resonó una risa general e incluso sin afectación.
—Ése es Victor —dijo Máslennikov, sonriendo—, es extraordinariamente agudo cuando está en vena.
—Y además —continuó Nejliúdov— hay encerrados ahora en la prisión ciento treinta hombres, sólo porque les han caducado los pasaportes. Los tienen allí hace un mes.
Y contó los motivos por los que estaban detenidos.
—¿Y cómo te has enterado de eso? —preguntó Máslennikov, y en su rostro apareció la inquietud y el disgusto.
—Iba a ver a un condenado y estos hombres me salieron al paso en el corredor, y me han pedido…
—¿A qué condenado ibas a ver?
—A un campesino al que han condenado injustamente y al que he buscado un defensor. Pero no se trata de eso. ¿Es posible que esos hombres, sin ser culpables de nada, estén en la cárcel sólo porque les han caducado los pasaportes y…?
—Eso es asunto del fiscal —interrumpió Máslennikov con ira a Nejliúdov—. Precisamente tú dices que los juicios son rápidos y justos. La obligación del fiscal es la de visitar las prisiones y enterarse si el encarcelamiento de los reclusos es legal. Pero no hacen nada, sólo juegan a las cartas.