Resurrección
Resurrección —¡Ah! ¿Conque eso querías preguntarme? No, mon cher, decididamente no se te puede dejar, porque todo lo conviertes en un problema. Vamos, vamos, Annette nos llama —dijo cogiéndole del brazo y expresando de nuevo la misma alteración que antes, con la atención del personaje, pero ahora ya no de alegría, sino de preocupación.
Nejliúdov se despidió de él y, sin saludar a nadie y sin decir nada, con aspecto lúgubre, cruzó el salón, la sala, los lacayos que se acercaban corriendo, pasó al recibimiento y salió a la calle.
—¿Qué le pasa? ¿Qué le has hecho? —preguntó Annette a su marido.
—Esto es despedirse à la française —dijo alguien.
—¡Qué va a ser à la française, es à la zoulou!
—Bueno, siempre ha sido así.
Alguien se levantó para irse; otro llegó y las conversaciones siguieron su rumbo. La buena sociedad aprovechó el episodio de la visita de Nejliúdov como un tema de conversación en aquel jour fixe.[55]