Resurrección
Resurrección Nejliúdov pensaba que le daba igual cómo administraba el alemán su finca y cómo se aprovechaba. Pero el relato del fornido cochero le resultó desagradable. Gozaba contemplando aquel maravilloso día, de nubes densas y oscuras, que a veces ocultaban el sol; los campos primaverales, en los que por todas partes marchaban los campesinos tras sus arados; la vegetación verde intensa, por encima de la cual revoloteaban las alondras; los bosques cubiertos ya —salvo los tardíos abedules— de hojas nuevas; los prados, en los que pastaban los rebaños de ovejas y caballos, y los campos en los que se veía a los labradores. Pero de vez en cuando se acordaba de que había ocurrido algo desagradable. Cuando se preguntaba el qué, recordaba el relato del cochero acerca de cómo administraba la finca el alemán en Kuzmínskoye.
Al llegar a Kuzmínskoye, y ocupado en los quehaceres, Nejliúdov se olvidó de esa sensación.