Resurrección
Resurrección —¿Por qué no lo merecemos, Vasili Kárlych, acaso no hemos trabajado? Nunca hemos tenido queja de nuestra difunta ama, que Dios tenga en su gloria, y el joven prÃncipe tampoco nos abandonará —empezó un campesino charlatán, de pelo rojizo.
—Para eso os he llamado, porque quiero, si lo deseáis, cederos todas las tierras —dijo Nejliúdov.
Todos callaban, como no entendiendo o no creyendo lo que oÃan.
—¿En qué condiciones? —preguntó uno de mediana edad, que llevaba una podiovka.
—Cedéroslas en arriendo, para que las disfrutéis, a bajo precio.
—Eso es una cosa que está muy bien —dijo un viejo.
—Con tal de que el precio esté a nuestro alcance —dijo otro.
—¿Por qué no Ãbamos a aceptar la tierra?
—Estamos acostumbrados a trabajarla, es la que nos da de comer.
—Para usted será más tranquilo. Sólo tendrá que cobrar las rentas, porque ahora hay mucho mal.
—Los pecados son vuestros —comentó el alemán—, si trabajarais más, con más orden…