Resurrección
Resurrección —No se nos puede tratar asÃ, Vasili Kárlych —habló un viejo de nariz afilada—. Me dices que mi caballo no debe meterse en el sembrado de trigo, pero ¿quién tiene la culpa? Me paso dÃa tras dÃa trabajando, y de noche, al vigilar a los animales, si me quedo dormido, me arrancas la piel a tiras con tus multas.
—Lo que tenÃas que hacer es observar mayor orden.
—A ti te resulta fácil decirlo, no tenemos fuerzas para hacer más —intervino uno moreno, alto, muy velludo y bastante joven.
—Ya os dije que pusierais una cerca.
—Tienes que darnos madera —intervino un hombre bajo y desmedrado, que estaba detrás—. La quise poner el verano pasado, y tú me metiste tres meses en el calabozo para alimentar a los piojos. Ya ves que valla he puesto…
—¿Qué es lo que dice? —preguntó Nejliúdov al administrador.
—Der erste Dieb im Dorfe[57] —dijo el administrador en alemán—. Cada año le encuentran robando en el bosque. Y tú —le dijo— aprende a respetar la propiedad ajena.
—Pero ¿acaso no te respetamos? —preguntó el viejo—. No podemos no respetarte, porque estamos en tus manos. Y haces de nosotros lo que quieres. Nos exprimes.
—Bueno, hermano, no hay quien os haga daño. A ver si no lo hacéis vosotros.