Resurrección
Resurrección Al llegar a la cuarta verja, ante la que pasaba Nejliúdov, lo detuvieron con un chirrido dos carros que salÃan repletos de estiércol y cubiertos de una arpillera, para poder sentarse encima. Un niño de seis años, excitado por el deseo de viajar, iba detrás del carro. Un joven campesino, calzado con lapti, a grandes pasos obligaba al caballo a pasar la verja. Un potro de patas largas atravesó la verja, pero se asustó al ver a Nejliúdov y se echó sobre el carro y, golpeando con las patas contra las ruedas, saltó hacia adelante sobre un carro que salÃa arrastrado por una yegua inquieta que relinchaba. El caballo siguiente lo sacaba un viejo delgado y enérgico, también descalzo, con un pantalón a rayas y una camisa larga y sucia, bajo la que se destacaba su huesuda espalda.
Cuando los caballos salieron al camino, cubierto por mechones grises de estiércol, como quemados, el viejo regresó a la puerta y saludó a Nejliúdov.
—¿No serás el sobrino de nuestras amas?
—SÃ, soy su sobrino.
—Bienvenido. ¿Y qué, has venido a vernos? —preguntó el viejo con ganas de hablar.
—SÃ, sÃ. ¿Qué tal vivÃs? —preguntó Nejliúdov, sin saber qué decir.
—¡Vaya vida la nuestra! Es la peor de todas —con satisfacción dijo el viejo, con voz cantarina, deseoso de hablar.