Resurrección
Resurrección «La gente se muere y está acostumbrada a esta extinción, a su alrededor se han creado unas condiciones propicias para que perezca: la muerte de los niños, el excesivo trabajo de las mujeres, la falta de alimentos para todos, especialmente para los viejos. AsÃ, poco a poco, la gente llega a esta situación sin darse cuenta de todo su horror y sin quejarse por ello. Por eso nosotros consideramos que esa situación es normal y que asà debe ser.» Ahora le resultaba de una claridad meridiana que la causa principal de la miseria de la gente, reconocida y puesta en evidencia por el pueblo mismo, consistiera en que los propietarios les arrebataban aquellas tierras que les serÃan suficientes para alimentarse. Además, estaba completamente claro que los niños y los viejos morÃan por no tener leche y carecÃan de ella porque no tenÃan tierras donde poder pacer la vaca y recoger trigo y heno. Estaba clarÃsimo que todas las desdichas del pueblo, o al menos la principal, consistÃan en que la tierra que le alimenta no está en sus manos, sino en manos de personas que se aprovechan de este derecho y viven del trabajo del pueblo. La tierra que le es tan imprescindible a la gente, que muere por faltarles ésta, es cultivada por hombres que viven en una miseria extrema, para que luego el trigo que producen se venda al extranjero y los propietarios puedan comprarse sombreros, bastones, coches, bronces, etc. Le resultaba ahora tan evidente como el hecho de que unos caballos, encerrados en un sitio donde se han comido toda la hierba, adelgazarán y morirán de hambre mientras no se les dé la posibilidad de aprovecharse de aquella tierra donde pueden encontrar alimento… Esto era terrible, y de ninguna forma podÃa ni debÃa ser. Era preciso encontrar un medio para que esto no fuera asà o, al menos, no tomar parte en ello. «Lo encontraré sin falta —pensaba, paseando arriba y abajo por la avenida de los abedules—. En los cÃrculos cientÃficos, las instituciones gubernamentales y los periódicos hablamos de las causas de la miseria del pueblo y de los medios de elevarlo, pero no del único medio indispensable que realmente elevarÃa al pueblo y que consiste en dejar de arrebatarle la tierra que le es imprescindible.» Y recordó vivamente las teorÃas de Henry George, el impacto que le produjo, extrañándose de cómo podÃa haberlo olvidado. «La tierra no puede ser objeto de propiedad privada, no puede ser materia de compra y venta, como el agua, el aire y los rayos de sol. Todos tienen el mismo derecho sobre la tierra y sobre aquello que produce.» Ahora comprendió por qué le daba vergüenza el arreglo que habÃa hecho en KuzmÃnskoye. Se habÃa engañado a sà mismo. Sabiendo que el hombre no puede tener derecho sobre la tierra, se reconoció ese derecho y regaló a los campesinos una parte de lo que en realidad no le pertenecÃa. Ahora no harÃa eso, y modificarÃa lo que habÃa hecho en KuzmÃnskoye. En la imaginación compuso un proyecto que consistÃa en ceder la tierra a los campesinos y que la renta fuera propiedad de ellos mismos, para que pudieran pagar los impuestos y la emplearan en ayudas y necesidades de la comunidad. Esto no era single-tax,[59] pero sà lo más adecuado y lo que más se acercaba, dada la organización existente. Lo importante era renunciar al derecho de aprovecharse de la propiedad de la tierra.