Resurrección
Resurrección —No es eso; vais a ser vosotros quienes disfrutéis de ese dinero para necesidades de la comunidad.
—Nosotros no podemos hacer eso. La comunidad es una cosa y esto es otra.
—Entendedlo —dijo, queriendo aclarar las cosas, sonriendo, el administrador, que habÃa venido detrás de Nejliúdov—: el prÃncipe os cede la tierra por dinero, y ese dinero irá otra vez a vuestro propio capital, destinado a la comunidad.
—Lo entendemos muy bien —dijo un viejo desdentado y enfadado, sin levantar la vista del suelo—. Es como si metiéramos en un banco el dinero, pero con la diferencia de tener que pagar a fecha fija. No queremos eso, porque sin ello ya penamos bastante y serÃa una ruina.
—Pero ¿para qué queremos eso? Es mejor que sigamos como antes —dijeron unas voces descontentas e incluso groseras.
Protestaron y rechazaron la oferta con mucho ardor cuando Nejliúdov dijo que establecerÃa las condiciones que tendrÃan que firmar por ambas partes.
—¿Qué vamos a firmar? Nosotros, como trabajadores que somos, seguiremos trabajando. ¿Y eso para qué? Somos gente ignorante.
—No estamos de acuerdo, porque eso no es corriente. Lo único que necesitamos es que nos den grano para sembrar —se oyeron voces.