Resurrección
Resurrección AsÃ, sin haber podido conseguir lo que se proponÃa, Nejliúdov volvió a la oficina.
—Me permito advertirle, prÃncipe —dijo el administrador cuando volvieron a la casa—, que no se pondrá de acuerdo con ellos, son gente tozuda. En cuanto están reunidos se mantienen en lo suyo y no hay forma de hacerles cambiar de opinión. Siempre tienen miedo. Pero esos mismos campesinos, por ejemplo el del pelo canoso o el moreno que no estaba de acuerdo, son hombres listos. Cuando viene alguno a la oficina, le mando sentarse y tomar un vaso de té —decÃa el administrador—, hablamos y veo que tienen inteligencia, y juzgan todo como es debido. Estando reunidos es completamente distinto. Se les mete una cosa en la cabeza…
—¿Y no serÃa posible llamar aquà a los campesinos más inteligentes, unos cuantos, y yo les explicarÃa detalladamente?
—Se puede hacer —dijo el sonriente administrador.
—Entonces, por favor, llámelos para mañana.
—De acuerdo, los reuniré para mañana —dijo el administrador, y sonrió con más alegrÃa.
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