Resurrección
Resurrección —Distribuirla por partes iguales, para que a todos les correspondiera buena y mala —argumentó el fumista.
A esto replicó Nejliúdov que no se trataba del reparto de tierras de una sola comunidad, sino del reparto de tierras en general en las distintas provincias. Si se les entregaba la tierra gratis a los campesinos, ¿por qué unos iban a tener la fértil y otros la mala? Todos querrían la buena.
—Exactamente —aprobó el ex soldado.
Los demás callaban.
—De modo que esto no es tan sencillo como parece —continuó Nejliúdov—. En este problema no pensamos sólo nosotros, sino mucha gente. Hay un americano que se llama George, que ha ideado lo siguiente. Y yo estoy de acuerdo con él.
—Pero si tú eres el amo, puedes repartir las tierras. ¿Qué te importa? Estás en tu derecho —dijo el viejo enfadado.
Esta interrupción turbó a Nejliúdov, pero para satisfacción suya se dio cuenta de que no era el único descontento por esa interrupción.
—Espérate, tío Semión, déjale que lo explique —exclamó, con su voz persuasiva de bajo, el campesino sensato.
Esto alentó a Nejliúdov, y se puso a explicarle el impuesto único, según Henry George.