Resurrección
Resurrección «Y qué seguros están los que trabajan y los que les obligan a trabajar de que eso tiene que ser asÃ, que mientras en sus casas sus mujeres barrigudas realizan trabajos superiores a sus fuerzas y los niños con sus gorritos sonrÃen como viejos ante una muerte prematura, moviendo las piernecitas, ellos tienen que construir este estúpido e innecesario palacio, para cierto hombre estúpido e innecesario, precisamente para uno de aquellos que les arruinan y estafan», pensó Nejliúdov, mirando la casa.
—Es una casa absurda —expresó su pensamiento en voz alta.
—¿Cómo absurda? —replicó ofendido el cochero—. Gracias a ella dan trabajo a la gente, no es nada absurda.
—Pero si es un trabajo innecesario.
—Debe ser necesario, cuando la construyen —repuso el cochero—. La gente come con ese trabajo.
Nejliúdov guardó silencio, pues era difÃcil hablar con el estrépito que producÃan las ruedas. Cerca de la prisión, el cochero pasó del empedrado a una calle asfaltada, en la que resultaba fácil hablar, y se dirigió de nuevo a Nejliúdov.