Resurrección
Resurrección —Es tremenda la cantidad de gente de ésta que hay ahora en la ciudad —dijo, volviéndose sobre el pescante para indicar a Nejliúdov un grupo de obreros aldeanos con sierras, hachas, pellizas y sacos al hombro, que caminaban hacia ellos.
—¿Acaso hay más que otros años? —preguntó Nejliúdov.
—¡Dónde va a parar! Actualmente están tan atestados todos los sitios que es una pena. Los dueños los tratan a patadas. Está todo lleno.
—¿A qué se debe eso?
—La población ha aumentado. No tienen dónde meterse.
—¿Qué tiene que ver que haya aumentado la población? ¿Por qué no se quedan en las aldeas?
—No tienen nada que hacer en las aldeas. Carecen de tierras.
Nejliúdov experimentó la sensación de que le golpeaban un sitio dolorido. ParecÃa como si a propósito todos los golpes fueran a parar allÃ, simplemente porque los golpes se notan más en los sitios doloridos.
«¿Ocurrirá lo mismo en todas partes?», pensó Nejliúdov y empezó a preguntar al cochero acerca de cuánta tierra habÃa en su aldea, cuánta tenÃa el propio cochero y por qué vivÃa en la ciudad.