Resurrección
Resurrección —Tenemos una desiatina de tierra por persona, señor. Disponemos de tres en la familia —replicó contento el cochero—. En casa tengo a mi padre, a mi hermano, y otro hermano está de soldado. Se dedican al cultivo. Pero en realidad hay poco que cultivar. Y mi hermano quiere ir a Moscú.
—¿Y no se puede arrendar tierras?
—¿Dónde arrendarlas ahora? Los señores que habÃa han vendido las suyas. Los comerciantes las tienen todas en su poder. No se les pueden arrendar, porque las trabajan ellos mismos. En nuestra aldea es un francés el que se ha hecho el amo, compró las tierras del antiguo señor. No quiere arrendarlas por nada.
—¿Qué francés es?
—Un francés llamado Dufard, quizá lo haya oÃdo. Hace pelucas para los artistas del gran teatro. Un buen negocio; ha ahorrado. Le compró toda la finca a nuestra ama. Ahora hace con nosotros lo que quiere. Se nos echa encima como le conviene. Gracias a que se trata de un hombre bueno. Está casado con una rusa que es una perra. ¡Dios nos libre! Abusa de la gente. Es una desgracia. Bueno, ahà está la prisión. ¿Dónde va, a la puerta principal? Creo que por ahà no dejan entrar.