Resurrección
Resurrección —Mariette, en cambio, crees que puede intervenir en los asuntos de su marido.
—¿Mariette? Mariette es Mariette. Y ésa, Dios sabe quién es esa Jaltiúpkina que quiere enseñar a todo el mundo.
—No quiere enseñar, sino simplemente ayudar al pueblo.
—Sin ellas ya se sabe a quién se debe ayudar y a quién no.
—Pero el pueblo está en la miseria. Yo acabo de llegar ahora de la aldea. ¿Acaso es necesario que los campesinos trabajen hasta extenuarse y que nosotros vivamos con un lujo asiático? —dijo Nejliúdov, impulsado por la bondad de su tÃa a expresar lo que pensaba.
—Y ¿qué quieres tú? ¿Que yo trabaje sin comer nada?
—No, no quiero que no comas —contestó Nejliúdov, sonriendo sin querer—, lo único que quiero es que todos trabajemos y comamos.
La tÃa, alzando otra vez las cejas y bajando los ojos, le miró con curiosidad.
—Mon cher, vous finirez mal![74] —exclamó.
—¿Y por qué?
En ese momento entró en la habitación un general alto, de anchos hombros. Era el marido de la condesa Chárskaya, el ex ministro.