Resurrección
Resurrección —No, no puede ser. Voy al funeral de Kámienskaya. Está terriblemente afectada.
—¿Qué le ha pasado a Kámienskaya?
—¿Acaso no lo ha oÃdo?… Su hijo murió en un duelo. Se batió con Pozen. El único hijo. Es horroroso. La madre está deshecha.
—SÃ, lo he oÃdo.
—No, es mejor que vaya. Usted venga mañana o esta noche —dijo, y con pasos rápidos y ligeros caminó hacia la puerta de salida.
—Esta noche no puedo —contestó saliendo con ella a la escalinata—; vengo a verla por un asunto —dijo, mirando el par de caballos castaños que se acercaban a la entrada.
—¿De qué se trata?
—Tengo una carta de mi tÃa —respondió Nejliúdov, entregándole un sobre estrechito con una gran corona—. Ahà lo leerá todo.
—Ya sé, la condesa Katerina Ivánovna cree que yo tengo influencia sobre mi marido en sus asuntos. Está completamente equivocada. No puedo ni quiero intervenir en nada. Pero, por supuesto, tratándose de la condesa y de usted, estoy dispuesta a violar mi principio. ¿De qué se trata? —decÃa buscando con su pequeña mano metida en el guante negro el bolsillo.
—Hay una muchacha recluida en la fortaleza, está enferma y no se ha metido en nada.