Resurrección
Resurrección La familia de Vladimir Vasilievich la componían: su esposa, una mujer sin personalidad; su cuñada, de cuyos bienes se había apropiado, vendiendo sus fincas y poniendo el dinero a su nombre; su hija, una muchacha fea y asustadiza, que llevaba una existencia triste y solitaria, y que en los últimos tiempos había encontrado como distracción los Evangelios y las reuniones en casa de Aline y de la condesa Katerina Ivánovna.
El hijo de Vladimir Vasilievich —un joven bondadoso, que a los quince años tenía barba y que desde entonces había empezado a beber y a llevar una vida licenciosa, lo que continuó haciendo hasta los veinte— fue expulsado de su casa porque no terminó los estudios y alternaba con malas compañías, contraía deudas y comprometía a su padre. El padre le pagó una vez una de doscientos rublos y otra de seiscientos. Pero advirtió a su hijo que ésta era la última vez, que si no se corregía le echaría de su casa y dejaría de relacionarse con él. El hijo, lejos de enmendarse, contrajo una nueva de mil rublos, y se permitió decir a su padre que la vida en su casa le resultaba insoportable. Entonces Vladimir Vasilievich le dijo que se podía marchar donde quisiera, que no le consideraba como su hijo. Desde entonces Vladimir Vasilievich aparentaba no tener hijo, y nadie de la familia se atrevía a hablar de él. Y Vladimir Vasilievich estaba convencido de que había resuelto su vida familiar de la mejor forma.