Resurrección
Resurrección Wolf, con una sonrisa afable y un tanto irónica —era una manera de expresar el reconocimiento de su comme il faut y de su superioridad sobre la mayorÃa de los hombres—, se detuvo en su paseo por el gabinete, saludó a Nejliúdov y leyó la nota.
—Le ruego encarecidamente que se siente y que me perdone —dijo, metiendo las manos en los bolsillos de la chaqueta y andando con pasos ligeros y silenciosos en diagonal por el gran despacho de estilo severo—. He tenido mucho gusto en conocerle y, naturalmente, en poder complacer al conde Iván Mijáilovich —decÃa mientras lanzaba una bocanada de humo oloroso y azulado, y separando el puro de la boca con cuidado para no dejar caer la ceniza.
—Sólo pedirÃa que se viera la causa lo antes posible, porque si la procesada tiene que ir a Siberia, será mejor que vaya cuanto antes —dijo Nejliúdov.
—SÃ, sÃ… Con los primeros barcos que salgan de Nizhni, ya sé —contestó Wolf con su sonrisa condescendiente, sabiendo siempre de antemano todo lo que iban a decirle—. ¿Cuál es el apellido de la procesada?
—Máslova.
Wolf se acercó a la mesa y miró unos papeles, que estaban en una carpeta con los expedientes.
—Ya, ya, Máslova. Bueno, se lo pediré a mis compañeros. Estudiaremos su expediente el miércoles.
—¿Puede telegrafiárselo a mi abogado?