Resurrección
Resurrección —¿Tiene usted abogado? ¿Para qué? Bueno, si lo prefiere asÃ, ¿por qué no?
—Los motivos de casación pueden ser insuficientes —dijo Nejliúdov—, pero creo que por la causa se desprende que la condena se debe a un error.
—SÃ, sÃ, eso puede ser, pero el Tribunal Supremo no puede examinar una causa en su esencia —dijo Vladimir Vasilievich con severidad, mirando la ceniza—. El Tribunal Supremo vela sólo porque sean justas la interpretación y la aplicación de las leyes.
—Me parece que es un caso excepcional.
—Lo sé, lo sé. Todos los casos son excepcionales. Haremos lo que sea necesario —la ceniza se mantenÃa todavÃa, pero ya se habÃa empezado a desprender y estaba en peligro de desmoronarse—. ¿Suele usted venir poco por San Petersburgo? —dijo Wolf manteniendo el puro de tal forma que no cayera la ceniza. Pero la ceniza empezó a moverse, y Wolf acercó el cigarro con cuidado al cenicero, donde terminó por caer—. ¡Qué tremendo lo que ha ocurrido con Kámenski! —dijo—. Un joven encantador. Hijo único. Vaya situación la de su madre —decÃa, repitiendo casi palabra por palabra lo que se decÃa en San Petersburgo sobre Kámenski.