Resurrección
Resurrección Después de hablar un poco de la condesa Katerina Ivánovna, de su pasión por la nueva tendencia religiosa —que Vladimir Vasilievich no censuraba ni aprobaba, pero que para su forma de ser comme il faut, por lo visto, era una cosa innecesaria para él—, llamó al timbre.
Nejliúdov se despidió.
—Si le viene bien, venga a comer —dijo Wolf, tendiéndole la mano—, el miércoles, por ejemplo. Y le daré una contestación definitiva.
Ya era tarde y Nejliúdov se fue a casa, es decir, a casa de su tÃa.