Resurrección
Resurrección También aquà la conversación versaba sobre el duelo. Y se hacÃan comentarios sobre la reacción del emperador. Se sabÃa que el zar estaba muy afligido por la madre, y todos estaban afligidos por la madre. Pero se sabÃa también que, aunque al soberano le dolÃa, no querÃa mostrarse severo con un criminal que defendÃa el honor del uniforme, y todos se mostraban condescendientes con el criminal que defendÃa el honor del uniforme. Tan sólo la condesa Katerina Ivánovna, con sus ideas libres, censuró al criminal.
—Ahora se dedicará a emborracharse y a matar jóvenes decentes. No le hubiera perdonado por nada del mundo —dijo.
—Eso sà que no lo entiendo —exclamó el conde.
—Ya sé que nunca entiendes lo que digo —empezó a hablar la condesa, dirigiéndose a Nejliúdov—. Todos me entienden, menos mi marido. Digo que me da lástima de la madre, y no quisiera que después de haberle matado se sintiera contento.