Resurrección
Resurrección El hijo, que había callado hasta entonces, intervino a favor del criminal y atacó a su madre, y de forma bastante grosera le demostró que el oficial no pudo proceder de otra forma, ya que de lo contrario le hubieran expulsado del regimiento por consejo militar. Nejliúdov escuchaba, aunque sin tomar parte en la conversación. Como antiguo oficial, comprendía los argumentos del joven Charski. Pero involuntariamente comparaba con el oficial, que había matado a otro, a aquel preso —un muchacho encantador— que había visto en la cárcel, condenado a trabajos forzados por haber matado a uno en una pelea. Ambos se habían convertido en asesinos por hallarse borrachos. Aquél, un campesino, mató en un momento de excitación, le separaron de su mujer y de su familia, le pusieron grilletes y, con la cabeza afeitada, le llevaron a Siberia; en cambio, éste permanecía en una magnífica habitación del cuerpo de guardia, comía buenos manjares, bebía buen vino, leía libros y hoy o mañana sería puesto en libertad y viviría como antes, pero rodeado de una aureola interesante.
Y dijo lo que pensaba. Al principio, Katerina Ivánovna se mostró de acuerdo con su sobrino, pero después guardó silencio. Lo mismo hicieron todos, y Nejliúdov se dio cuenta de que con esta opinión suya había cometido algo parecido a una inconveniencia.