Resurrección
Resurrección El abogado dijo al cochero dónde tenía que ir, y los estupendos caballos acercaron rápidamente a Nejliúdov a la casa ocupada por el barón. El barón estaba en casa. En la primera habitación se encontraban un joven funcionario de uniforme, con un cuello extraordinariamente largo, nuez saliente y andares muy ligeros, y dos señoras.
—¿Su apellido? —preguntó el joven funcionario de la nuez saliente, pasando con gracia y rapidez de las señoras a Nejliúdov.
Nejliúdov dio su nombre.
—El barón ha hablado de usted. ¡Un momentito, por favor!
El joven funcionario pasó a una estancia que tenía la puerta cerrada y sacó de allí a una señora de luto que lloraba. La señora, con sus dedos huesudos, se bajó el velo para ocultar las lágrimas.
—Tenga la bondad —se dirigió el joven funcionario a Nejliúdov, acercándose con pasos ligeros a la puerta del despacho. La abrió y se detuvo ante ella.
Al entrar en el despacho, Nejliúdov se encontró frente a un hombre de mediana estatura, robusto, con el pelo corto y vestido con una levita, el cual estaba sentado en un sillón junto a una gran mesa escritorio, y miraba ante sí con expresión alegre.