Resurrección
Resurrección —¡Ah! —dijo con tono de aprobación general, y cerró los ojos—. Pero ¿cómo se reconocerán si la luz de todos será la misma? —preguntó, y enlazando de nuevo los dedos con los del pintor se sentó junto a la mesita.
El cochero de Nejliúdov atravesó la verja.
—Qué triste es esto, señor —dijo, volviéndose a Nejliúdov—. Quise marcharme sin esperarle.
—SÃ, es triste —convino Nejliúdov, suspirando profundamente, y para tranquilizarse detuvo la mirada en unas nubes grises que navegaban por el cielo, y en las olas que producÃan las lanchas y los barcos sobre el agua resplandeciente del Neva.