Resurrección
Resurrección —Muchas gracias —dijo el presidente, y encendió un cigarrillo—. ¿Con cuál de los procesos empezamos?
—Me parece que por el del envenenamiento —respondió el secretario con indiferencia.
—Muy bien: el del envenenamiento; empezaremos por él —asintió el presidente, considerando que un asunto asà podrÃa terminarse antes de las cuatro y luego se podrÃa marchar—. ¿Y Matvei NikÃtich, no ha venido aún?
—No.
—Y Brevé, ¿está aqu�
—Sà —contestó el secretario.
—Si lo ve, dÃgale que empezaremos por el del envenenamiento.
Brevé era el sustituto del fiscal que debÃa sostener la acusación.
Al salir al pasillo, el secretario se encontró con Brevé. Con los hombros muy levantados, la toga abierta, una cartera bajo el brazo, casi corriendo, pisaba ruidosamente con los tacones y movÃa el brazo libre de tal modo que la palma de la mano quedaba casi perpendicular a la dirección que seguÃa.
—MijaÃl Petróvich quiere informarse si está usted dispuesto —le preguntó el secretario.
—Naturalmente, siempre estoy dispuesto —contestó el sustituto del fiscal—. ¿Qué causa va primero?