Resurrección
Resurrección —La del envenenamiento.
—MagnÃfico —exclamó el sustituto del fiscal, pero no encontraba aquello tan magnÃfico, porque no habÃa dormido en toda la noche. Se habÃan reunido para acompañar a un amigo, bebieron mucho y jugaron a las cartas hasta las dos de la madrugada. Luego, habÃan ido a buscar unas chicas, precisamente en la misma casa de tolerancia donde seis meses antes habÃa estado Máslova. Asà que no le habÃa dado tiempo de leer la causa del envenenamiento, y ahora querÃa darle un vistazo. El secretario sabÃa que Brevé no habÃa leÃdo el asunto y por eso, adrede, aconsejó al presidente que empezaran con eso. Era hombre de ideas liberales, casi radicales. Brevé, por el contrario, era conservador y, como todos los alemanes que trabajaban en Rusia, incluso se mostraba en extremo ortodoxo. El secretario no le querÃa, y envidiaba su puesto.
—¿Cómo va el asunto de los skoptsy?[10] —preguntó el secretario.
—Ya he dicho que no puedo —respondió el sustituto del fiscal—. Faltan testigos, asà lo haré saber al Tribunal.
—Pero si es lo mismo…
—No puedo —repitió y, moviendo el brazo como antes, pasó a su despacho.