Resurrección
Resurrección —Sustituto —corrigió Selenin—. ¿Qué haces en el Tribunal Supremo? —preguntó mirando con tristeza y melancolÃa a su amigo—. SabÃa que te encontrabas en San Petersburgo, pero ¿por qué estás aquÃ?
—He venido porque confiaba en encontrar justicia y salvar a una mujer que ha sido condenada sin ser culpable.
—¿Qué mujer?
—La causa que acaba de verse ahora.
—¡Ah! El asunto de Máslova —dijo Selenin, recordando—. Una petición completamente sin fundamento.
—No se trata de la petición, sino de una mujer que sufre condena y es inocente.
Selenin suspiró.
—Es muy posible, pero…
—No es posible, es seguro…
—¿Por qué lo sabes tú?
—Porque yo he sido miembro del jurado. Sé en lo que nos hemos equivocado.
Selenin se quedó pensativo.
—HabÃa que haberlo comunicado inmediatamente entonces —dijo.
—Lo comuniqué.
—Era necesario hacerlo constar en el sumario. Si lo hubiesen remitido junto a la solicitud…