Resurrección
Resurrección —Bueno, ya hablaremos después —exclamó Selenin—. Ahora me voy —le dijo al ujier que se le habÃa acercado en actitud respetuosa—. Tenemos que vernos sin falta —añadió con un suspiro—. Pero ¿lograré encontrarte? A mà me encontrarás siempre a la hora de cenar, a las siete. En la calle Nadiezhdinskaya —y dijo el número—. Ha llovido mucho desde entonces —añadió alejándose, sonriendo de nuevo sólo con los labios.
—Iré, si me da tiempo —dijo Nejliúdov sintiendo que este hombre, un dÃa amigo intimo y querido, Selenin, se habÃa vuelto de pronto, en el transcurso de esta breve conversación, un ser ajeno, lejano, incomprensible, si no enemigo.