Resurrección

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Nejliúdov estaba muy triste. En primer lugar porque la denegación del Tribunal Supremo confirmaba esa insensata tortura de la inocente Máslova, y porque esta denegación hacía más difícil su inquebrantable decisión de unir a ella su destino. Su tristeza aumentaba al escuchar esas horribles historias acerca del mal reinante —de las que con tanta alegría hablaba el abogado—, y además recordaba sin cesar la mirada hostil, fría y despreciable de Selenin, en otro tiempo noble, sincero y bondadoso.

Cuando Nejliúdov entró en la casa, el portero, con cierto desprecio, le tendió una nota que había escrito en la portería cierta mujer, según le dijo. Era una nota de la madre de Shustova. Le escribía que había venido a dar las gracias al bienhechor, al salvador de su hija. Además le pedía, le rogaba, que fuera a su casa en la isla Vasílievski.[86] Era muy importante para Vera Efrémova. Que no tuviera miedo de que le fueran a agobiar con manifestaciones de agradecimiento: no se hablaría de gratitud, sino simplemente se alegrarían de verle. De ser posible, que fuera al día siguiente por la mañana.





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