Resurrección

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Nejliúdov saludó y se sentó junto a ellas. En el momento en que Nejliúdov pensaba censurar a Mariette en su fuero interno por su superficialidad, ésta se dio cuenta de la expresión seria de su cara y un tanto descontenta, e inmediatamente —para agradarle, lo que estaba deseando desde que le había visto—, cambió no sólo la expresión de su rostro, sino todo el estado de su ánimo. De pronto se puso seria, descontenta de su vida y añorando algo hacia lo que se esforzaba. No es que fingiera, sino que se había formado interiormente el mismo estado de ánimo en que se encontraba Nejliúdov en aquel momento, aunque no hubiera podido expresar con palabras en qué consistía.

Le preguntó cómo había resuelto sus asuntos. Contó su fracaso en el Tribunal Supremo y su encuentro con Selenin.

—¡Ay! ¡Qué alma tan pura! Ése sí es un chevalier sans peur et sans reproche.[89] Un alma pura —convinieron ambas señoras, aplicando a Selenin el epíteto bajo el cual era conocido en sociedad.

—¿Cómo es su mujer? —preguntó Nejliúdov.

—¿La mujer? Bueno, no voy a criticar. Pero no le entiende. ¿También él era partidario de rechazar la solicitud? —preguntó con sincera compasión—. ¡Es tremendo! ¡Qué lástima me da de ella! —añadió con un suspiro.


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