Resurrección

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Nejliúdov frunció el ceño y, deseando cambiar de conversación, empezó a hablar de Shustova, recluida en la fortaleza y que había sido puesta en libertad gracias a las gestiones de Mariette. Le agradeció sus gestiones acerca de su marido, y cuando iba a hablar del terrible sufrimiento de esa mujer y de toda su familia, porque nadie se había acordado de ellos, Mariette le interrumpió y ella misma expresó su indignación.

—No me hable —dijo—. En cuanto mi marido me dijo que podía ponerla en libertad, me sorprendió precisamente esa idea. ¿Para qué tenerla recluida si no es culpable? —expresó lo que quería haber dicho Nejliúdov—. ¡Es indignante, indignante!

La condesa Katerina Ivánovna veía que Mariette coqueteaba con su sobrino, y eso la divertía.

—¿Sabes lo que te digo? —empezó cuando se hubieron callado—. Ven mañana por la noche a casa de Aline, estará Kiseveter. Y tú también —le dijo a Mariette.

Il vous a remarqué[90] —dijo al sobrino—. Me ha dicho que todo lo que dices —se lo he contado— es una buena señal, y que sin falta llegarás hasta Cristo. No dejes de venir mañana. Mariette, dile que venga. Y ven tú también.


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