Resurrección
Resurrección —En primer lugar, condesa, no tengo ningún derecho a dar consejos al prÃncipe —dijo Mariette mirando a Nejliúdov, y estableciéndose con esa mirada entre ambos un completo acuerdo en relación a las palabras de la condesa y en lo referente al evangelio—, y en segundo lugar, ya sabe usted que no me gusta mucho.
—SÃ, tú siempre haces las cosas al revés y a tu modo.
—¿Cómo a mi modo? Creo lo mismo que la campesina más humilde —dijo sonriendo—. Y en tercer lugar —continuó—, mañana voy al Teatro Francés.
—¡Ah! ¿Has visto a esa…, cómo la llaman? —preguntó la condesa Katerina Ivánovna.
Mariette dijo el nombre de una famosa actriz francesa.
—No dejes de ir, es algo extraordinario.
—¿A quién debo ver antes, ma tante, a la artista o al predicador?
—Haz el favor de no tergiversar mis palabras.
—Yo creo que primero al predicador y luego a la actriz francesa, no vaya a ser que luego pierda por completo la afición a los sermones —dijo Nejliúdov.
—No, es mejor empezar por el teatro francés y después arrepentirse —intervino Mariette.