Resurrección
Resurrección Al decir las últimas palabras parecía que estaba a punto de llorar. Y aunque si se analizasen estas palabras tenían muy poco o ningún sentido, a Nejliúdov le parecieron extraordinariamente profundas, sinceras y llenas de bondad. De tal modo le atraía esa mirada de ojos brillantes, que acompañaban las palabras de aquella mujer joven, bonita y bien vestida.
Nejliúdov la miraba en silencio, sin poder apartar los ojos de su rostro.
—Usted cree que no le entiendo ni comprendo lo que le sucede. Si lo que usted ha hecho lo sabe todo el mundo. C’est le secret du polichinelle.[91] Le admiro y lo apruebo.
—La verdad es que no hay por qué admirarse. He hecho tan poco todavía.
—Eso es igual. Comprendo sus sentimientos y la comprendo a ella. Pero bueno, bueno, no hablaré de eso —se interrumpió al ver la expresión descontenta de su rostro—. Pero también comprendo que después de ver el sufrimiento y todos los horrores que ocurren en las cárceles —decía Mariette, deseando sólo atraérselo y adivinando con su intuición femenina todo lo que para él resultaba más importante y querido—, quiera usted ayudar a los que sufren tan horriblemente por culpa de la gente, la indiferencia, la crueldad… Comprendo que se puede sacrificar por esto la vida, y yo misma la sacrificaría. Pero cada uno tiene su destino…