Resurrección
Resurrección —Entonces él —prosiguió Lida alterándose y apresurándose— se puso a rogarme: «Todo lo que usted me diga —empezó— no puede perjudicar a nadie, al contrario… Si lo dice usted, entonces soltaremos a personas inocentes que, a lo mejor, torturamos en vano». De todos modos, dije que no hablarÃa. Entonces me dijo: «Bueno, no diga nada, pero no niegue lo que voy a decir yo». Y empezó a nombrar gente, y nombró a Mitin.
—No hables más —dijo la tÃa.
—¡Oh, tÃa! No me molestes… —y sin cesar se tiraba del mechón de pelo y no dejaba de volver la cabeza a su alrededor—. Y de pronto, imagÃnese, al dÃa siguiente me entero —me lo comunicaron por golpecitos— que Mitin estaba detenido. Bueno, pienso, lo he denunciado. Y eso me empezó a torturar de tal forma, que por poco me vuelvo loca.
—Y resultó que no le detuvieron por tu culpa —dijo la tÃa.