Resurrección
Resurrección —SÃ, para los jóvenes es horrible el estar incomunicados —dijo la tÃa moviendo la cabeza y encendiendo también un cigarrillo.
—Yo creo que para todos —dijo Nejliúdov.
—No, para todos no —contestó la tÃa—. Para los auténticos revolucionarios, me lo han contado, es un descanso, una tranquilidad. El hombre al margen de la ley vive siempre lleno de inquietud, privado de cosas materiales, con miedo por sà mismo, por los demás. Cuando finalmente le detienen, se acabó todo, pierde toda responsabilidad; está encerrado y descansa. Sencillamente, me han dicho que se alegran cuando los cogen. Pero para los jóvenes e inocentes —siempre detienen primero a los inocentes, como LÃdochka—, para ésos el choque es atroz. Lo de menos es que les quiten la libertad, les traten groseramente, les den mal de comer, que el aire sea irrespirable, padezcan toda clase de privaciones, todo eso se sobrellevarÃa fácilmente, si no fuera por aquel choque moral que se recibe cuando a uno le detienen por primera vez.
—¿Acaso usted lo ha experimentado?