Resurrección
Resurrección En la mente pasó revista a todas aquellas personas que sufrían las consecuencias de la actividad que desarrollaban las instituciones que administraban justicia, apoyaban la fe y educaban al pueblo: desde la campesina castigada por vender vino clandestinamente, al muchacho que había robado, el vagabundo por vagabundear, el incendiario por el incendio, el banquero por malversación y esa desgraciada Lida, a quien habían destruido sólo porque podía proporcionar las informaciones necesarias, y los sectarios por haber quebrantado la religión, y a Gurkiévich con la Constitución. Por eso a Nejliúdov le pareció completamente claro que todos esos funcionarios, empezando por el marido de su tía, los magistrados y Tóporov, hasta los pequeños empleados, unos señores pulcros y correctos, que ocupaban mesas en los departamentos ministeriales, no se inmutasen en absoluto porque sufriesen los inocentes, y se preocupaban tan sólo de la forma de alejar a todos los peligrosos.
Tal explicación acerca de lo que sucedía le parecía a Nejliúdov muy sencilla y clara, pero precisamente esa sencillez y esa claridad le obligaban a vacilar para admitirlo. No era posible que una cosa tan complicada tuviera una explicación tan sencilla y horrorosa. No podía ser que todas las palabras sobre la justicia, el bien, las leyes, la fe, Dios, etc., fueran tan sólo palabras y encubrieran el interés más brutal y la crueldad.