Resurrección
Resurrección —Si no quiere verme, por lo menos verá a una artista extraordinaria —dijo Mariette, respondiendo al sentido de sus palabras—. ¿Verdad que ha estado magnÃfica en la última escena? —se dirigió al marido.
El marido inclinó la cabeza.
—Eso no me emociona —dijo Nejliúdov—. He visto ahora tantas desgracias verdaderas, que…
—Bueno, siéntese y cuénteme.
El marido escuchaba con una sonrisa cada vez más irónica en los ojos.
—He estado en casa de esa mujer que han puesto en libertad, y que estuvo detenida tanto tiempo. Es un ser completamente destrozado.
—Es la mujer de la que te habÃa hablado —dijo Mariette a su marido.
—SÃ, estoy muy contento de que se la haya podido poner en libertad —dijo tranquilamente, moviendo la cabeza y con absoluta ironÃa, según le pareció a Nejliúdov, y sonriendo bajo el bigote—. Voy a salir a fumar.
Nejliúdov permanecÃa sentado esperando que Mariette le dijera aquello que tenÃa que decirle, pero no le dijo nada y ni siquiera trató de decÃrselo. Gastaba bromas y hablaba de la obra de teatro que, según pensaba, tenÃa que emocionar de forma especial a Nejliúdov.