Resurrección
Resurrección —¿Por qué la han trasladado? —preguntó Nejliúdov.
—Esa gente es asÃ, excelencia —respondió el portero sonriendo despectivamente—. Se ha liado con el practicante, y el médico jefe la ha echado.
Nejliúdov no hubiera creÃdo de ningún modo que Máslova y su estado moral le resultasen tan importantes. Esa noticia le dejó anonadado. Tuvo la misma sensación que experimenta la gente ante la noticia de una gran desgracia. Le dio una gran pena. La primera sensación ante la noticia fue de vergüenza. Se sintió ridÃculo ante sà mismo por haberse imaginado su aparente cambio moral. Todas sus palabras de rechazar su sacrificio y sus reproches y sus lágrimas, todo eso eran —pensó— astucias de una mujer pervertida que deseaba aprovecharse de él lo mejor posible.
Le parecÃa que en la última visita observó en ella sÃntomas de la incorregibilidad que se habÃa manifestado ahora. Todo esto cruzó por su cabeza mientras se ponÃa maquinalmente el sombrero y salÃa de la enfermerÃa.
«Pero ¿qué hacer ahora? —se preguntó—. ¿Estoy ligado a ella? ¿No estoy liberado precisamente por esta conducta?», concretó la pregunta.