Resurrección
Resurrección Pero tan pronto como se la planteó, comprendió inmediatamente que, considerándose liberado y dejándola, no la castigarÃa a ella —que era lo que deseaba—, sino a sà mismo, y sintió terror.
«¡No! Lo que ha sucedido no puede cambiar mi decisión, sólo puede afirmarla. Ella puede hacer lo que le dicte su estado de ánimo… Yo haré lo que me exige mi conciencia —se dijo—. Mi conciencia me exige que sacrifique mi libertad para reparar mi pecado, y mi decisión de casarme con ella, aunque el matrimonio sea ficticio, y seguirla a donde quiera que la manden permanece inalterable», se dijo con aviesa tenacidad, y saliendo de la enfermerÃa con paso resuelto se dirigió a la gran puerta de la prisión.
Al acercarse al portón, pidió al centinela que dijese al director que querÃa ver a Máslova. El centinela conocÃa a Nejliúdov y, como a persona conocida, le comunicó una importante novedad de prisión: el capitán se habÃa marchado y en su lugar habÃa venido otro, un jefe muy severo.
—Se observan ahora unas medidas muy rigurosas —dijo el centinela—. El director está aquÃ, voy a comunicárselo.
Efectivamente, estaba en la prisión y no tardó en recibir a Nejliúdov. El nuevo director era alto, delgado, con los pómulos salientes, muy lento de movimientos y taciturno.