Resurrección
Resurrección —Las entrevistas se autorizan en dÃas señalados en el locutorio —dijo, sin mirar a Nejliúdov.
—Pero es necesario que firme una instancia pidiendo el indulto al emperador.
—Me la puede entregar a mÃ.
—Necesito ver personalmente a la reclusa. Siempre me lo han autorizado antes.
—Eso era antes —añadió, echando una rápida mirada a Nejliúdov.
—Tengo una autorización del gobernador —insistió Nejliúdov, sacando la cartera.
—PermÃtame —dijo el director, lo mismo que antes sin mirar a Nejliúdov y cogiendo el papel que le tendÃa con sus dedos largos, enjutos y blancos, en cuyo Ãndice lucÃa un anillo de oro; lo leyó despacio—. Haga el favor de pasar a la oficina —dijo.
En la oficina no habÃa nadie esta vez. El director se sentó ante la mesa y empezó a examinar unos papeles, sin duda preparándose a estar presente él mismo en la entrevista. Cuando Nejliúdov le preguntó si podÃa ver a la detenida polÃtica Bogodújovskaya, el director contestó lacónicamente que eso era imposible.
—Las entrevistas con los polÃticos no se autorizan —dijo, y de nuevo se enfrascó en sus papeles.
Con la carta de Bogodújovskaya en el bolsillo Nejliúdov se sentÃa en la situación de un hombre culpable, cuyas ideas habÃan sido descubiertas y desbaratadas.