Resurrección

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Era una habitación grande y alargada. En uno de los extremos se alzaba un estrado al que conducían tres peldaños. En el centro del estrado se encontraba una mesa cubierta con un paño verde de flecos más oscuros. Detrás de la mesa había tres sillones con respaldos muy altos de roble esculpido, y detrás de los sillones —en la pared— colgaba un retrato de cuerpo entero de un general de uniforme con banda, una pierna hacia adelante y la mano en la empuñadura del sable. En el rincón de la derecha se hallaba una imagen de Cristo con la corona de espinas, y un atril. En ese mismo lado se alzaba el pequeño estrado del fiscal. Al lado izquierdo, frente a éste, en el fondo, estaba la mesa del secretario. Más cerca del público, una barandilla de roble y al otro lado, sin ocupar todavía, el banquillo de los acusados. En la parte derecha del estrado figuraban dos filas de sillas de alto respaldo, destinadas a los miembros del jurado; abajo, las mesas de los abogados. Todo esto ocupaba el fondo de la sala, dividida en dos por una barandilla. En la otra parte había una serie de gradas que llegaban hasta la pared del extremo. En la parte trasera de la sala, en una de las primeras filas, estaban sentadas cuatro mujeres, que debían ser obreras o criadas, y dos hombres, también trabajadores. Impresionados, al parecer, por el aspecto solemne de la sala, hablaban entre sí tímidamente y en voz baja.


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