Resurrección
Resurrección Después de haber hecho entrar a los jurados, el ujier avanzó hacia el centro del estrado y, elevando mucho la voz, como si quisiera asustar a los presentes, gritó:
—Audiencia pública: ¡el Tribunal!
Todos se pusieron en pie, y en el estrado aparecieron los magistrados: el presidente, de músculos desarrollados y grandes patillas; el juez, con lentes de oro, que ahora estaba más taciturno todavía porque justo antes de reunirse se encontró con su cuñado, candidato a funcionario del Tribunal, quien le dijo que había estado con su hermana y ésta le hizo saber que no había comida.
—¡Qué le vamos a hacer! Tendremos que ir a una taberna —dijo el cuñado, riéndose.
—No tiene ninguna gracia —replicó el juez, volviéndose aún más taciturno.