Resurrección
Resurrección —SÃ, lo sé. Me mudé de la casa. El piso era demasiado grande, solitario, triste. No necesito nada de eso, llévatelo todo: los muebles, todas las cosas.
—SÃ, me lo dijo Agrafena Petrovna. Estuve allÃ. Te lo agradezco mucho. Pero…
Entró un camarero del hotel y trajo un servicio de té de plata.
Guardaron silencio, mientras colocaba el servicio del té. Natalia Ivánovna se cambió a una butaca frente a la mesita, y en silencio empezó a preparar el té. Nejliúdov callaba.
—Bien, Dimitri, lo sé todo —dijo resuelta Natalia, mirándole.
—Pues bien, me alegro mucho de que lo sepas.
—¿Acaso puedes tener esperanza de reformarla después de una vida as� —preguntó Natalia Ivánovna.
PermanecÃa sentado, sin acodarse, erguido, en una silla pequeña, escuchándola con atención, procurando entender muy bien y contestarle lo mejor posible. El estado de humor que habÃa despertado en él la última entrevista con Máslova continuaba todavÃa llenando su alma de una alegrÃa tranquila y de amor hacia todos los seres.
—No es a ella a quien quiero reformar, sino a mà mismo —respondió.
—Hay otros medios, aparte del matrimonio.